Todos los domingos (7)

Son las 7:30am y es domingo otra vez. Es domingo. Algo dentro de mí celebra haber despertado temprano para no dejar morir esta columna que amo, significa que la amo de verdad. Esta constancia que voy practicando me cuesta horas de sueño, he dormido mal muchas noches seguidas, tengo la espalda rota, el cuello resignado a una sola forma del dolor y la cabeza dando vueltas sin parar. La mente, ese verdugo, la mente. Hace días que no duermo bien en mi propia casa.

Pero ahora es domingo otra vez y hay doce rayas de sol en mi pared blanca que me hacen feliz, porque significa que a pesar de todo, esto recién empieza: el día, mis horas, mi paz. Tengo un problema con el tiempo, ya lo sabía, pero cada gesto que hago y me lo confirma, se queda mirándome desde allí. Esto pudo ser más fácil, pude quedarme durmiendo, pude no haber leído esos libros, ni ver cuando amanece, pero no me gusta lo fácil.

Por ejemplo, hoy me he lanzado al silencio de mi casa, solo me habla el recuerdo. Están todos los muebles tranquilos, tomando polvo como yo tomo el sol, envejeciendo. Están todas las cosas quietas, evaluando si sirvieron para algo en la semana o para qué, o quizás soy yo que les pongo peso porque no soporto que se pueda ir por la vida sin pensar.

Entonces recuerdo ese taller que hice el año pasado, cuando me pidieron que describiera el lugar donde vivo sin ponerle sentimientos y no pude. Porque para mí todo está vivo. Esta semana cambié a mis libros de lugar y ahora hay que abrir una puerta para verlos. No he movido los muebles pero todavía hay que sentarse al lado del balcón para descansar. No he hecho nada más que sólo venir a dormir e irme, en esta casa que poco a poco me pide presencia sin que yo la escuche.

Y cómo se puede hablar sin alma de algo que te pide que te quedes, que regreses.

Todo aquí está vivo porque yo lo miro desde todos lados para entenderlo. La mesa de afuera que se va rompiendo de tanto sol y lluvia, el único cactus vivo, las persianas a la mitad como el que prefiere no elegir. Y mi cama, mi cuarto nuevo, de almohadas blancas, de sábana azul, de todo muy lindo y poco confiable porque no sueña conmigo, ni me deja descansar para reponerme. Mi cama molesta, mi casa molesta, mis muebles tan viejos. Todo está vivo a ver si me quedo.

Es domingo otra vez y ya son más de las 8:00am, en esta constancia de escribir seguido también practico la resistencia. Me quedo en calma, en casa, mi casa y yo juntas desde temprano, queriéndonos por fin. Pidiéndole perdón para dormir en paz.

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2 comentarios en “Todos los domingos (7)”

  1. He leído tu artículo dominical oyendo tu voz, como si tu leyeses. He leído viendo tu cuarto, tus muebles, la luz del primer sol. He leído queriendo ver tu alma. Y todo es precioso.

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